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“Centrado en la pérdida por muerte de persona significativa”

Autor: Equipo de duelo CTC.

 

Nuestra historia nace en el año 2015 dentro del equipo de familia del CTC. Nos gusta ver a nuestro equipo como un crisol de terapeutas con experiencias diversas; un grupo de profesionales especializados en diversas áreas, ya sean familia, pareja, niños, adolescentes, adultos, psicooncología, cuidados paliativos y trauma. Sumamos la diversidad como fuente de riqueza, así como la integración de diversos modelos teóricos para el abordaje de nuestros consultantes.
Comenzamos hablando en las reuniones del equipo acerca de nuestros propios duelos y planteando los interrogantes que surgían en los procesos de los pacientes y sus familias; las consultas específicas por pérdidas significativas y otras que
surgían en los propios procesos terapéuticos.
Fuimos delineando objetivos. Comenzamos nuestra formación a través de lecturas, cursos, contactos con otras instituciones especializadas en la temática, dentro y fuera de Argentina. En todo este tiempo fuimos ganando experiencia clínica a través de las consultas que recibimos en nuestros consultorios en forma privada. Hoy en día brindamos formación en talleres, cursos y supervisiones, presencial y on-line.

El duelo es un proceso universal, natural y adaptativo de respuesta ante una pérdida significativa que se desarrolla a través del tiempo; ocurre dentro de un contexto sociocultural y por lo tanto nos afecta a nivel físico, cognitivo, emocional, conductual, espiritual y social.

La mayoría de las personas transitan el proceso de duelo de manera adaptativa. Aún así hay un porcentaje que puede variar entre un 10 y un 20 % donde se complica cuando aparecen una serie de obstáculos que impiden integrar la nueva realidad a sus vidas. Existen múltiples factores de riesgo que pueden complejizar el proceso de duelo.

Es nuestro propósito visualizar la necesidad de intervenciones específicas que implican formación del terapeuta en la temática tanto en el abordaje como en el trabajo sobre su persona. La exposición del terapeuta ante esta temática es un factor a tener en cuenta para el cuidado de su persona. El equipo de trabajo como red de apoyo y el autoconocimiento son recursos posibles como prevención de sobrecarga en el terapeuta.

Desde nuestro equipo pensamos que el acompañamiento de los dolientes a través de un proceso psicoterapéutico se despliega sostenido por tres ejes fundamentales: el marco teórico referencial desde el cual conceptualizamos y decidimos estrategias de abordaje, la persona del terapeuta y la red de apoyo para el profesional que interviene.
Con respecto al primer eje consideramos necesario un marco conceptual integrativo dada la multiplicidad de factores que
convergen en el duelo.
Como en todo proceso psicoterapéutico el primer momento tiene como objetivo la evaluación y conceptualización del caso para el logro del establecimiento de metas y luego estrategias, prácticas y técnicas para lograrlas.
Es entonces cuando ponemos en el centro de nuestras aspiraciones poder trabajar sobre las tareas que la experiencia de pérdida por muerte de una persona significativa nos pone como desafíos. Freud hablaba del trabajo del duelo, Worden de las tareas, Neimeyer de desafíos; Payás de tareas que se incluyen en fases sucesivas y recursivas que se van dando en un proceso relacional.

Nos gusta pensar, parafraseando a Neimeyer, que la muerte transforma las relaciones en lugar de ponerles fin. Hay una transformación del vínculo con la persona fallecida que se va dando a través del tiempo en una línea de continuidad y reconstrucción.
Reconocer la realidad de la pérdida, abrirse al dolor, revisar nuestro mundo de significados, reconstruir la relación con la persona fallecida, reinventarnos a nosotros mismos… todo ello describe el trabajo que el doliente necesita realizar.
Este proceso dinámico se transita oscilando (siguiendo a Stroebe y Schut) entre dos mecanismos de afrontamiento: uno orientado a la pérdida y otro orientado a la restauración. El primero se refiere a la reconstrucción o recolocación del vínculo con el difunto; el segundo considera las estrategias que se deben encontrar para afrontar todas consecuencias directas del duelo.
En ese vaivén se va desarrollando el proceso de duelo.
La construcción del vínculo terapéutico merece atención especial con los pacientes en duelo. Worden advirtió de la frustración que aparece en el camino que transitamos junto a ellos. Buscan algo que no podemos darles: recuperar a la persona perdida y ellos no pueden reconocernos por lo que no podemos dar. Es por ello que lograr el vínculo y el espacio de confianza donde ellos puedan desplegar su dolor es complejo y enrevesado. Necesitamos destrezas tales como aceptación, tenacidad, escucha empática, validación y sintonía. Las puertas de entrada para llegar a ellos pueden ser muchas, pero también difíciles de encontrar.
En este punto llegamos al segundo eje: la persona del terapeuta.

Trabajar con personas en duelo puede hacernos conscientes de nuestras propias pérdidas reales, entrecruzarse con nuestras pérdidas temidas; puede despertar nuestro estado de alerta y vivirse como amenaza. Puede desafiar directamente nuestra ansiedad existencial y la conciencia personal respecto de muerte; pudiendo despertar estados afectivos intensos que deben regularse. Incluso podríamos estar expuestos a traumas vicarios. Por tales motivos, siguiendo a Worden, consideramos necesario el trabajo sobre nuestros propios duelos. El trabajo sobre nuestra persona como terapeutas nos ayuda a entender mejor el proceso del duelo, cómo se sufre dicha experiencia y cómo tiene lugar el proceso; nos permite tener una idea clara de los recursos disponibles, lo que fue útil y lo que no lo fue y podemos identificar aspectos no resueltos de nuestras pérdidas anteriores, el conflicto que significa y su posibilidad de afrontarlo. Así como permite conocer las limitaciones respecto a los tipos de pacientes y situaciones que podemos tratar o necesitamos derivar.
En el equipo recurrimos a diversas técnicas para poder llevar a cabo este propósito. Todo lo expresado más arriba deja en evidencia la importancia del equipo mismo como el tercer eje en que se sostiene nuestro trabajo. El equipo de trabajo como red de apoyo.
Sabemos que contar con un grupo de apoyo amortigua los estímulos estresantes, modifica la percepción de los estresores al compartir diferentes visiones y puntos de vista, influye sobre las estrategias de afrontamiento y mejora el estado de ánimo, la motivación y la autoestima.
Los encuentros nos permiten compartir los casos, supervisarlos, visualizar entrecruzamientos, compartir experiencias… ser un espacio de contención y aprendizaje.
Trabajar desde un espacio psicoterapéutico con pacientes en duelo es un desafío que exige formación, trabajo sobre nuestra persona y una red de apoyo como contención para el cuidado hacia nosotros mismos. Creemos en el equipo de duelo del CTC que es una experiencia de gran intensidad y compromiso que despierta un crisol de emociones y vivencias, muchas veces difíciles de transitar, pero que nos ofrecen la posibilidad de un crecimiento personal tanto en nosotros como en nuestros consultantes.